lunes, 12 de marzo de 2012

Noches lluviosas...

Con esta película me enamoré de Scarlett Johansson, creo que esa escena se guardó para la posteridad en mi memoria... y ese flashazo me vino a propósito de la lluvia de inicio de semana...


“You have to learn to push the guilt under the rug and move on, otherwise it overwhelms you.”
Matchpoint, 2005 (Woody Allen)


viernes, 9 de marzo de 2012

In time

Hace algunos meses vi una película de Justin Timberlake con Amanda Seyfried (In Time), si bien la realización no fue de lo mejor, la premisa era interesante y quizá no tan alejada de nuestra realidad cotidiana, "una sociedad futurista en la que el tiempo era la medida de valor".

Si somos estrictos, el tiempo es nuestra moneda. Por más que lo he deseado, nunca he gozado de un día de 48 horas, ni realidades alternativas en las que pueda jugar cada carta hasta agotar posibilidades, llegamos a este mundo con un certificado de caducidad más que de vida; sin embargo, no me interesa conocer mi fecha de expiración, pues se que no existen garantías extendidas.

La vida da segundas oportunidades, pero no devuelve el tiempo, ese se consume por esencia, se burla de nosotros y se escapa a diario hasta dejarnos fríos.

Hoy me sigo definiendo como un escritor closetero, que renunció al sueño de escribir por sensatez. Me convencí de que era una profesión poco redituable en México y que no valía la pena el riesgo de morir de hambre y terminar durmiendo en una banca de parque; en realidad me aterraba no ser lo suficientemente bueno.

Con 17 años, tomé el camino seguro, me enrolé en una profesión que me ha brindado seguridad, y para la que me sabía con cualidades. Me apeé a la balanza de la justicia y entre anhelos de equidad e igualdad me he llevado chascos y satisfacciones por igual.

El paso de los años me ha llevado a entender cada vez más a aquellas personas que escribían en servilletas, tickets, brazos o cualquier superficie grabable ideas o pensamientos, la inspiración premia el esfuerzo; escribir por hábito resulta difícil y aduzco a ello mi falta de constancia. La sensibilidad de mis oraciones depende en buena medida del éxito que tenga la rutina de desconectar mi cerebro.

La ventaja de poner el cerebro en modo hibernante es que relajando neuronas pone a flote los anhelos por delante de las obligaciones. Mi anhelo hoy, sigue siendo el de siempre, escribir lo que sea, algo que transmita, que emocione, que haga reír y llorar por igual... pero, ¿escribir?

En pleno devane, me lleno de dudas y me pregunto ¿A qué hora?, me digo que no tengo la técnica suficiente, que me faltan herramientas, me excuso de tantas formas, que hoy me doy cuenta que el miedo tras 11 años sigue ahí. Sigo frustrando el sueño de trasladar a las palabras mí más pura esencia, y crear escenarios, personajes y circunstancias en el mundo intangible de las letras.

El tiempo sigue avanzando, cobrando las deudas que deja la duda, pero confío que me quedan fichas suficientes por canjear.

Mi propósito será escribir un poco cada día.