
La espera es gratuita, y a su lado sirven de comparsa, infinidad de adjetivos (e.g. espera angustiosa, espera monótona, espera perpetúa, espera nupcial y un largo etc.) es un aderezo para la inspiración fugitiva, para la agonía del paciente, para la vacuidad del enamorado.
Son segundos que se mofan de nosotros, que se perfilan eternos, a pesar de ser idénticos a los demás; son instantes que de a poco ganan terreno en el subconsciente y se manifiestan como un tic-tac, que incesante, hurta nuesta paciencia o nos apuntala como ejemplo de calma y estoicismo.
No todas las esperas, son malas, supongo que conviene encontrar algún pasatiempo para lidiar con ellas, yo por ejemplo; aprovecho estos momentos de particular viacrucis, para escribir unas líneas, a menudo leo, tomo una siesta o me distraigo en gestos más propios del protagonista de "Pi, el orden del caos", acumulando estadísticas que me distraigan del tedio.
A veces pienso, en la espera, no como una circunstancia, sino como un protagonista acechante que paciente nos aborda a diario, se confabula con nuestros jefes, familiares y amigos y nos regala un tiempo para compartir con ella. Quizá no hemos sabido leer sus intenciones, pero cierto estoy de que nunca nos abandonará.
Quizá la mejor forma de combatirla es abandonarnos a ella, arroparnos en sus brazos, mientras susurra al oído, "inútil será resistirte porque conozco tus miedos, anhelos y dudas, tus segundos me pertenecen en tanto sigas ausente".
Menuda compañera, la espera, habrá que ver que cartas juega, mientras de a poco nos roba suspiros con sabor a una vida.
Por lo pronto me libre de ti, mientras te premio con mi prosa.