
Y es esencial hacerlo, como lo resulta el respirar, esencial partir el alma, para enfocarme sólo en el instinto. Necesito encontrarte. Me he grabado tu sonrisa y cada gesto de tu cara, esos ojos amielados son mi brújula y destino, capturé tu quietud desdibujada, aquella en que mi vida se detuvo y se conformo con el andar sinuoso de tus yemas recorriendo tu cabello, que azabache ondulaba mientras partías.
Detenido como arena, resbalando lento por el cuello del reloj, te robaste mis latidos cuando me miraste a los ojos. Quizá no lo advertiste, pero mi certeza se convirtió en mil silencios, las palabras se rehusaron y las fuerzas se agotaron. Abotargado me quede, detenido bajo la lluvia, reprochándome el absurdo de no haberme acercado. Supe que eras tú y tuve miedo de admitirlo, miedo a la certeza de amarte cada día y hoy lo hago, sin pensarlo.
-Hoy te veré-, me lo digo cada día, insistiendo al subconsciente para que mantenga la fe intacta, un año es poca cosa, instalado en el recuerdo no he olvidado tu fragancia, se quedo impresa en mis huesos, como almizcle vainillado.
Me detengo cada tarde en aquella misma esquina, esperando a la fortuna que rehúsa compensarme. Los minutos mueren lento, se han fugado tantos soles y he guardado tantas lunas, que menguantes se han mudado, entre suspiros y silencios. Entre rostros conocidos el tuyo no figura, a menudo pienso que fue una mala jugada del destino. El espejismo de un oasis en mi desierto citadino.
He ensayado mis palabras, repasado cada letra, cambiando tonos, añadiendo pausas, y al final es inútil, la secuencia imaginaria de ese ansiado reencuentro me tortura y no me alienta, tus diálogos son silenciosos, sin clip de sonido por lo vertiginoso de nuestro encuentro, lo que diera por escucharte, porque tus palabras fueran mías, porque los silencios fueran nuestros.
1 de julio de un año cualquiera, ¿importa el tiempo?, ¿pasado?, ¿presente?, ¿futuro?; los segundos no cuentan cuando no tienen sentido, los momentos son sólo espacios sin memoria que se desvanecen sin alma mientras no sean compartidos. Sin la puñetera certeza de saber si mi ángel vendrá, me fío de mi instinto, y entre el murmullo de tráfico, conversaciones triviales y el caer de la lluvia, distingo tus pasos a la distancia, mi corazón se acelera, de un vuelco quiere saltar del pecho, mis pupilas se dilatan, se llenan de ti, mientras le regalas a mi memoria la mejor de las instantáneas. Me miras por segunda vez y sonríes... se que no puedo fallar, y es esencial decirte: -hola-.
Detenido como arena, resbalando lento por el cuello del reloj, te robaste mis latidos cuando me miraste a los ojos. Quizá no lo advertiste, pero mi certeza se convirtió en mil silencios, las palabras se rehusaron y las fuerzas se agotaron. Abotargado me quede, detenido bajo la lluvia, reprochándome el absurdo de no haberme acercado. Supe que eras tú y tuve miedo de admitirlo, miedo a la certeza de amarte cada día y hoy lo hago, sin pensarlo.
-Hoy te veré-, me lo digo cada día, insistiendo al subconsciente para que mantenga la fe intacta, un año es poca cosa, instalado en el recuerdo no he olvidado tu fragancia, se quedo impresa en mis huesos, como almizcle vainillado.
Me detengo cada tarde en aquella misma esquina, esperando a la fortuna que rehúsa compensarme. Los minutos mueren lento, se han fugado tantos soles y he guardado tantas lunas, que menguantes se han mudado, entre suspiros y silencios. Entre rostros conocidos el tuyo no figura, a menudo pienso que fue una mala jugada del destino. El espejismo de un oasis en mi desierto citadino.
He ensayado mis palabras, repasado cada letra, cambiando tonos, añadiendo pausas, y al final es inútil, la secuencia imaginaria de ese ansiado reencuentro me tortura y no me alienta, tus diálogos son silenciosos, sin clip de sonido por lo vertiginoso de nuestro encuentro, lo que diera por escucharte, porque tus palabras fueran mías, porque los silencios fueran nuestros.
1 de julio de un año cualquiera, ¿importa el tiempo?, ¿pasado?, ¿presente?, ¿futuro?; los segundos no cuentan cuando no tienen sentido, los momentos son sólo espacios sin memoria que se desvanecen sin alma mientras no sean compartidos. Sin la puñetera certeza de saber si mi ángel vendrá, me fío de mi instinto, y entre el murmullo de tráfico, conversaciones triviales y el caer de la lluvia, distingo tus pasos a la distancia, mi corazón se acelera, de un vuelco quiere saltar del pecho, mis pupilas se dilatan, se llenan de ti, mientras le regalas a mi memoria la mejor de las instantáneas. Me miras por segunda vez y sonríes... se que no puedo fallar, y es esencial decirte: -hola-.
1 comentario:
Y es esencial pensar que no fue coincidencia, que las circunstancias no nos buscan, que aquella tarde no fue distinta a cualquiera… que lo sucesos importantes no buscan horas especiales...
Es esencial... aunque sea solo para aliviar a la razón.
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