domingo, 25 de julio de 2010

Paréntesis

1. m. Oración o frase incidental, sin enlace necesario con los demás miembros del período, cuyo sentido interrumpe y no altera.
2. m. Signo ortográfico ( ) en que suele encerrarse esta oración o frase.
3. m. Suspensión o interrupción.
4. m. Mat. Signo igual al ortográfico que, aislando una expresión algebraica, indica que una operación se efectúa sobre toda la expresión.

Hay preguntas difíciles de responder, hacerlo, entraña un inevitable enfrentamiento con nuestros demonios internos, mientras susurran al oído, aquello que preferimos pasar por alto, a veces nos roban las palabras, mientras trastabillan nuestros pensamientos.

Los paréntesis en la vida son tan cotidianos como el respirar mismo. Momentos de magia en que nos revelamos a la cotidianeidad, en los que buscamos un respiro para retomar el paso, momentos que se vuelven trascendentales y que enriquecen la oración. Son esos instantes que dotan la existencia de un sabor distinto, que nos regalan nuevas texturas, y nos seducen con su aroma. Es la justa pausa para repostar energías, para enfrentar el reto y sin embargo, son sólo eso, aportaciones al margen, el preludio de los créditos finales.

Las once... y me pregunto tantas cosas, me permito una pausa y sin embargo, el reloj no se detiene, la vida es efímera y los minutos mueren.


No hay pausas perpetuas,
el corazón sigue latiendo
a ritmo disminuido
pero incesante,
la sangre fluye
los sentidos se afilan
y la respuesta se me escapa.

La razón no es certeza
y mientras el cielo llora
tu mirada es refugio
paréntesis en zozobra.

Si preguntas porque
contestare sin dudarlo
el cuándo, el dónde o el qué
y sin embargo,
las palabras precisas
fugitivas me esperan
al concluir esta pausa.

Advierto el puerto cada vez más cerca y a pesar de ello, me aferro al ( ), mientras admito que aún no distingo el sentido de este devenir. La inspiración, quimera como otras veces, me abandona en transición (mientras las 11:11 se me van)…

sábado, 17 de julio de 2010

Y es esencial...


Y es esencial hacerlo, como lo resulta el respirar, esencial partir el alma, para enfocarme sólo en el instinto. Necesito encontrarte. Me he grabado tu sonrisa y cada gesto de tu cara, esos ojos amielados son mi brújula y destino, capturé tu quietud desdibujada, aquella en que mi vida se detuvo y se conformo con el andar sinuoso de tus yemas recorriendo tu cabello, que azabache ondulaba mientras partías.

Detenido como arena, resbalando lento por el cuello del reloj, te robaste mis latidos cuando me miraste a los ojos. Quizá no lo advertiste, pero mi certeza se convirtió en mil silencios, las palabras se rehusaron y las fuerzas se agotaron. Abotargado me quede, detenido bajo la lluvia, reprochándome el absurdo de no haberme acercado. Supe que eras tú y tuve miedo de admitirlo, miedo a la certeza de amarte cada día y hoy lo hago, sin pensarlo.

-Hoy te veré-, me lo digo cada día, insistiendo al subconsciente para que mantenga la fe intacta, un año es poca cosa, instalado en el recuerdo no he olvidado tu fragancia, se quedo impresa en mis huesos, como almizcle vainillado.

Me detengo cada tarde en aquella misma esquina, esperando a la fortuna que rehúsa compensarme. Los minutos mueren lento, se han fugado tantos soles y he guardado tantas lunas, que menguantes se han mudado, entre suspiros y silencios. Entre rostros conocidos el tuyo no figura, a menudo pienso que fue una mala jugada del destino. El espejismo de un oasis en mi desierto citadino.

He ensayado mis palabras, repasado cada letra, cambiando tonos, añadiendo pausas, y al final es inútil, la secuencia imaginaria de ese ansiado reencuentro me tortura y no me alienta, tus diálogos son silenciosos, sin clip de sonido por lo vertiginoso de nuestro encuentro, lo que diera por escucharte, porque tus palabras fueran mías, porque los silencios fueran nuestros.

1 de julio de un año cualquiera, ¿importa el tiempo?, ¿pasado?, ¿presente?, ¿futuro?; los segundos no cuentan cuando no tienen sentido, los momentos son sólo espacios sin memoria que se desvanecen sin alma mientras no sean compartidos. Sin la puñetera certeza de saber si mi ángel vendrá, me fío de mi instinto, y entre el murmullo de tráfico, conversaciones triviales y el caer de la lluvia, distingo tus pasos a la distancia, mi corazón se acelera, de un vuelco quiere saltar del pecho, mis pupilas se dilatan, se llenan de ti, mientras le regalas a mi memoria la mejor de las instantáneas. Me miras por segunda vez y sonríes... se que no puedo fallar, y es esencial decirte: -hola-.

viernes, 2 de julio de 2010

Click...

A veces pareciera que cuando las cosas comienzan a resolverse y las secuencias inician un camino lineal y sin detenerse en recovecos absurdos, nos aferramos a complicarlas, a darles un giro y ponerles pimienta, parece que en ocasiones somos propensos a la absurda fascinación de sufrir un poco. Y no es que me declare masoquista, es sólo que siempre he tenido la fundada idea de que las cosas difíciles son aquellas que valen la pena, aquellas que te dan mayor satisfacción, pero ciertamente hoy me harto esa dinámica.

Y ciertamente no es que quiera emular a Adam Sandler ("click") adelantando los momentos difíciles pero estoy en una temporada en que desearía poner piloto automático a ciertos momentos y hacerlos más llevaderos. Llevo una semana convenciendome de que la vida no tiene atajos, que la felicidad no es una meta, sino un camino y ¿saben?, quizá lo logré pronto...

Nota al margén..

Esta semana me ha traido frustración deportiva y ando un poco decepcionado, más allá de que eliminaran a México en el mundial, lamento que en Wimbledon haya perdido Federer, caray!, creo que me gusta más el tenis que el soccer...

Por lo menos hoy ganó Holanda, y eso me hace feliz!