Un día después de lo previsto, sigo en Vallarta, perdí el vuelo, y por primera vez me encuentró sentado frente al monitor. Seguro estaba de que la siguiente vez que escribiera en este espacio sería desde casa, pero de cierta manera, mi casa no se ha movido y este viaje ha servido para recordarme muchas cosas que tenía olvidadas.
Cada día ha sido una historia distinta, concatenaciones de eventos y curiosas coincidencias, la reafirmación de mi ser y la revaloración de mi esencia. Recordé entre otras cosas que para levantarse precisas caer primero y yo lo tuve que hacer cinco veces en una noche, caidas que me costaron seguir de viaje con la mochila al hombro para curar mis heridas y recobrar la sonrisa.
Ayer, debajo de una torrencial lluvia comprendí que la mejor herramienta para conocerse es el silencio y a pesar del insomnio que tuve una semana, ayer pude dormir tranquilo; solo pero seguro de que nunca falta quien vele por mi sueño.
Como le dije a Natalie y a Tina días atrás "I'm a dreammer..." y ya se me acabo el miedo...
Me restan un par de días de reflexión, afortunadamente ya conseguí un cuaderno, pues a pesar de que hizó falta perder el avíon para recuperar el vuelo, extrañó a las personas que suelen hacer mi vida única.
Regresaré confiado con un dolor de tobillo extraviado, algunas contusiones nuevas, pero el animo renovado, la certeza más plena que nunca y la incertidumbre a flor de piel.
Gracias Vallarta por permitirme cerrar los ojos para abrir el alma...
domingo 21 de septiembre de 2008
Suscribirse a:
Entradas (Atom)