1.- ¿Cuál es el defecto propio que deplora más?
La impuntualidad, la desorganización y mis dejos de incongruencia.
2.- ¿Cuál es el defecto que usted deplora más en otros?
La hipocrecia, la falsedad y la desconfianza.
3.- ¿Cuál es su estado mental más común?
La ironia reposada.
4.- ¿Cómo le gustaría morir?
A menudo solía pensar que joven y en mi mejor momento, pero ahora creo que me gustaría saborear la agonía de una manera dulce, consciente de cada segundo, contemplando un atardecer hasta que se me apaguen los ojos.
5.- Si después de muerto debe volver a la Tierra, ¿Convertido en qué persona o cosa usted regresaría?
Si regresara como cosa, animal u algo... desearía ser un halcón.
Si regresara como una persona y pudiera tener el capricho de ser ajeno al reloj, elegiría ser un filosofo griego o un trovador en la corte real.
6.- Y si pudiera elegir un personaje de ficción, ¿Cuál escogería?
Edmundo Dantes.
7.- ¿Cuál es su mayor extravagancia?
Hablar con desconocidas en los momentos menos oportunos.
8.- ¿En qué ocasiones miente?
Cuando no confio en alguien.
9.- ¿Qué persona viva le inspira más desprecio?
Los que dejan de luchar y se olvidan de como soñar.
10.- ¿A qué persona viva admira?
A mi madre.
11.- ¿Qué palabras o frases usa más?
"Al final, conviene creer que todo es posible", ciertamente, talvez, pueque, alome, te cae?.
12.- ¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?
Mis pies remojándose en el mar, el sol bordeando el horizonte y convirtiendo la noche en añicos, mis dedos memorizando el rostro de la musa que duerme entre mis brazos, una buena copa de vino, y en la diestra la primera impresión de mi libro recien publicado.
13.- ¿Cuál es su mayor miedo?
Quedarme en proyecto, fracasar o dicho de otra forma, andar si ser, andar sin trascender...
14.- ¿Cuál es su mayor remordimiento?
Un par de hubieras amorosos y un hubiera vocacional que me esfuerzo por hacer realidad.
15.- ¿Cuál es la virtud más sobrevalorada socialmente?
El éxito.
16.- ¿Qué le disgusta más de su apariencia?
Mis dientes chuecos, que ya van enderezandose y la pancita chelera.
17.- ¿Cuáles son sus nombres favoritos?
Carlota, Carolina, Federico, Jorge, Alejandro y Jimena.
18.- ¿Qué talento desearía tener?
Escribir mejor, soñar menos y vivir más, pensar en lo que es y no torturarme por el hubiera, entregarme cada día y sobre todo, tener el talento para trascender.
19.- ¿Qué le desagrada más?
Que me quieran ver la cara.
20.- ¿Cuándo y dónde ha sido más feliz?
En una cancha de futbol un sabado cualquiera, en una sala de cine un domingo cualquiera, en el trayecto a la oficina o de la oficina a casa devorando páginas... hoy.
21.- Si pudiera, ¿Qué cambiaría de su familia?
Los hubieras, las dudas, los miedos, las sombras, y sin embargo no cambiaría nada.
22.- ¿Cuál es su mayor logro?
Vivir cada día de la mejor manera, soñar y realizar.
23.- ¿Cuál es su posesión más atesorada?
Mis recuerdos y mis sueños.
24.- ¿Cuál es la manifestación más clara de la miseria?
La mediocridad.
23.- ¿Dónde desearía vivir?
En un lugar cerca del cielo, entre tus brazos cuando necesite un respiro, en el lugar donde pueda aprender a ser mejor hombre.
24.- ¿Cuál es su pasatiempo favorito?
Vagabundear en mis recuerdos, buscarle sentido a mi existencia entre los libros, escribir para que alguien suspire o se muerda el corazón en silencio, devorarme imagenes en la butaca de cualquier cine y gritar el mejor gol por el simple hecho de que lo anotó mi equipo.
25.- ¿Cuál es la cualidad que usted aprecia más en una mujer?
La fuerza y la dulzura fusionadas en una mirada, la inocencia y la inteligencia conjuntadas en la primera linea, la frescura y la serenidad de una sonrisa angelical, la certeza de trascendencia en unos brazos fieles al llamado y atentos al abrazo.
26.- ¿Cuál es la cualidad que usted aprecia más en un hombre?
La fidelidad a sus sueños, la responsabilidad allende las circunstancias, la honestidad consigo mismo y la pureza de espiritu, la entrega y la inteligencia.
27.- ¿Cuál es su héroe de ficción favorito?
El que nunca se rinde... Wolverine.
28.- ¿Cuáles son sus héroes de la vida real?
Mi madre.
lunes, 26 de mayo de 2008
Con ganas de soñar...

Descubrí uno de mis grandes amores como a los once, hasta entonces sólo los libros me representaban una pasión similar, me enamoré del juego a ras de pasto, de la reposada tranquilidad, de la chispa de genialidad, del coraje, la entrega, la sangre, y de la personalidad de un club que nació para ser el más grande; ese Cruz Azul de Scoponi, de Zamora y Hermosillo, fue mi primer acercamiento con la magia de ser celeste.
A poco me sentí arropado con las glorias añejas de Marin, Bustos, Kaliman, López Salgado, Lugo, apellidos que con sólo mencionarlos dan lugar a la nostalgia y a una sonrisa de evocación perpetúa. Cuando eres aficionado a este equipo, la pasión te inunda calladita pero certera, y aunque en estos años sólo me ha tocado verlo dar la vuelta una vez, llegar a un par de finales y conseguir el respeto sudamericano, no cambiaría mis colores nunca.
Cuando te comprometes con esta pasión, no puedes serle infiel a pesar de las expectativas rotas, a pesar de que se han acumulado los años sin levantar la copa, pues a pesar de todo, el amor a la camiseta es tan grande que agradecemos la genialidad y la frescura, y en especial la entrega y el esfuerzo cuando son a tope.
Hay pocas aficiones tan nobles como la celeste, una afición que espera anhelante a que se termine la sequía, que confía en el despertar de un equipo que que lleva un rato aletargado, que siente el deseo por desbordar la ilusión, pero que se conserva mesurada.
Falta una semana para el desenlace del torneo y me he rehusado a soñar, pero siento en el pecho la euforia contenida, que espera cantar un gol y un titulo, que sueña con ver la vuelta en el estadio, que prometió dejar los vicios unos meses a cambio de una ilusión que sólo necesita cobrar vida. Hoy quiero soñar otra vez, como cuando tenía once, y sólo disfrutaba el juego, porque el azul me inundaba el corazón, quiero vivir como niño esta semana, confiado en que mi equipo relegara al olvido, la frustración y la duda.
Ya sólo faltan unos días… y tengo ganas de soñar con el domingo perfecto.
A poco me sentí arropado con las glorias añejas de Marin, Bustos, Kaliman, López Salgado, Lugo, apellidos que con sólo mencionarlos dan lugar a la nostalgia y a una sonrisa de evocación perpetúa. Cuando eres aficionado a este equipo, la pasión te inunda calladita pero certera, y aunque en estos años sólo me ha tocado verlo dar la vuelta una vez, llegar a un par de finales y conseguir el respeto sudamericano, no cambiaría mis colores nunca.
Cuando te comprometes con esta pasión, no puedes serle infiel a pesar de las expectativas rotas, a pesar de que se han acumulado los años sin levantar la copa, pues a pesar de todo, el amor a la camiseta es tan grande que agradecemos la genialidad y la frescura, y en especial la entrega y el esfuerzo cuando son a tope.
Hay pocas aficiones tan nobles como la celeste, una afición que espera anhelante a que se termine la sequía, que confía en el despertar de un equipo que que lleva un rato aletargado, que siente el deseo por desbordar la ilusión, pero que se conserva mesurada.
Falta una semana para el desenlace del torneo y me he rehusado a soñar, pero siento en el pecho la euforia contenida, que espera cantar un gol y un titulo, que sueña con ver la vuelta en el estadio, que prometió dejar los vicios unos meses a cambio de una ilusión que sólo necesita cobrar vida. Hoy quiero soñar otra vez, como cuando tenía once, y sólo disfrutaba el juego, porque el azul me inundaba el corazón, quiero vivir como niño esta semana, confiado en que mi equipo relegara al olvido, la frustración y la duda.
Ya sólo faltan unos días… y tengo ganas de soñar con el domingo perfecto.
jueves, 8 de mayo de 2008
Despierta eternidad...

Concluyendo este fin de semana largo, en el que tuve oportunidad de embriagar a la memoria y afrontar con sinceridad el porvenir, debo admitir que me sentí reconfortado, aunque no del todo, pues para eso habría que cambiar drástica y permanentemente la rutina y para ello aún quedán algunas tardes.
En algún punto de estos 4 días, se despertó la conciencia anhelante de un motivo y no de excusas, reclamando protagonismo y repudiando la fidelidad que le he tenido a la intrascendencia, pues he de admitir que me he dedicado más a pensar en el hubiera y en el quizá, que a realizar ese anhelo por ser eterno.
El corazón al poco rato reclamó su lugar, se harto de ser considerado un engrane más y me recordó que es el motor de mi vida, me dejo en claro que no vale la pena vivir por vivir, me recordó que en este cúmulo de segundos llamada existenica, siempre vale la pena darle sentido al día a día, al minuto a minuto y al momento a momento, me recordó que he sido un titere afecto a la intermitencia y que he llegado a ser irresponsable de mis sueños.
Entendí que la vida es como ese hilo delgado capaz de cobrar mil vueltas sino llevamos la mejor dirección, entendí que en este punto de mi historia mi maraña de fibras no estaba tan enredada como me empeñaba en ver y entonces una lucecita de conciencia, me regaló un chizpazo... "despierta eternidad, pues mi vida acaba de empezar", y lo cierto es que un hombre que se empeña en creer que el mejor destino es el que te forjas día a día, no puede quedarse consumido en la vaguedad de la intrascendencia, pues cada aliento de vida es una oportundiad de hacer las cosas distintas, de ser certeza de trascendencia allende las circunstancias.
Un pequeño granito de arena, pero a fin de cuentas una coma y no un punto en el trazado de mis sueños, despierta eternidad, pues la esperanza cerró con un punto y seguido y se renovó con la mayuscula del verbo que sueño conjugar toda mi vida... trascender.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)