miércoles, 26 de marzo de 2008

Cuando finalmente asumes que estas pasado de kekas...


Episodios bochornosos nos han pasado a todos en la vida y debo reconocer que he pasado por infinidad de aventuras, sin embargo hoy no les contaré de mis gestas heroícas o de añejas historias amorosas, me limitare a contarles sobre los estragos que causa en la anatomía masculina, la inactividad laboral.

Dejaré de lado añejas excusas tendientes al autoconvencimiento de que no estaba del todo gordo, dejaré de lado la cantaleta de que "mi metabolismo está un poco lento, de que soy de huesos grandes, y de que últimamente estoy reteniendo algunos líquidos..." para finalmente aceptar que estoy excedido de kekas.

El sentido de esta breve reflexión estriba en que el día de hoy, mientras organizaba afanosamente mi oficina, cayeron al piso unos clips, al notarlo, con una agilidad inusual me puse en cuclillas para levantarlos -debo advertir que no experimente falta de aire, ni agotamiento por el esfuerzo-, sin embargo, escuche el sonido inconfundible de un desgarrón de tela, y sentí una corriente de aire dónde se suponía no debiese sentir nada.

Bien podría achacar la rotura de mi pantalón a la mala fortuna, a un defecto de fabricación, o al exceso de uso, sin embargo la evidencia era contundente...

Me senté en la silla para comprobar el daño, y comprendí que no había nada humanamente posible que hacer por remendar esa pieza; sólo me resto soltar la carcajada, antes de avisarle a la secretaria que atendería desde mi lugar, pues en definitiva no podría asistir a junta alguna.

Por fortuna, basto con una llamada para que mi hermano salvara el día y me trajera un nuevo kit de ropa.

Creo que finalmente llego la señal indicando que debo retomar la rutina de hacer un poco de ejercicio y llevar una alimentación balanceada, pues encontré las razones de peso que necesitaba.

lunes, 24 de marzo de 2008

Días o momentos...


Sobre el mal humor o la histeria femenil se han dicho tantas cosas... hay que reconocer que las mujeres tienen la ventaja de tener días particularmente marcados en el calendario, días en los que resulta más productivo volverse invisibles o por el contrario ser un pegote y un proveedor ambulante de kleenex y consuelo a domicilio.

Para los hombres no es tan fácil, mientras que algunos son particularmente enojones y resulta más sencillo darles por su lado y acostumbrarse a la rutina de su amargura, otros somos irremediablemente impredecibles, por ello procuro no enojarme, pues resulta del todo contraproducente hacerlo, especialmente cuando tengo público.

Debo confesarme insoportable en esos momentos, admito que no soy el típico destructor, sino que por el contrario mi sarcasmo se vuelve acido en extremo, sin embargo, no son demasiado duraderos, por lo general hago buena compañía y valdría asumir que son solo eso: momentos...

A veces creo que sería más fácil colgarme un letrero que dijera: "aléjese, estoy en mis momentos", sin embargo, creo que no seria demasiado ortodoxo, así que sólo resta desear que mis momentos no se empalmen con los días de alguien más, pues temo por las irreversibles consecuencias, jajaja...