Episodios bochornosos nos han pasado a todos en la vida y debo reconocer que he pasado por infinidad de aventuras, sin embargo hoy no les contaré de mis gestas heroícas o de añejas historias amorosas, me limitare a contarles sobre los estragos que causa en la anatomía masculina, la inactividad laboral.
Dejaré de lado añejas excusas tendientes al autoconvencimiento de que no estaba del todo gordo, dejaré de lado la cantaleta de que "mi metabolismo está un poco lento, de que soy de huesos grandes, y de que últimamente estoy reteniendo algunos líquidos..." para finalmente aceptar que estoy excedido de kekas.
El sentido de esta breve reflexión estriba en que el día de hoy, mientras organizaba afanosamente mi oficina, cayeron al piso unos clips, al notarlo, con una agilidad inusual me puse en cuclillas para levantarlos -debo advertir que no experimente falta de aire, ni agotamiento por el esfuerzo-, sin embargo, escuche el sonido inconfundible de un desgarrón de tela, y sentí una corriente de aire dónde se suponía no debiese sentir nada.
Bien podría achacar la rotura de mi pantalón a la mala fortuna, a un defecto de fabricación, o al exceso de uso, sin embargo la evidencia era contundente...
Me senté en la silla para comprobar el daño, y comprendí que no había nada humanamente posible que hacer por remendar esa pieza; sólo me resto soltar la carcajada, antes de avisarle a la secretaria que atendería desde mi lugar, pues en definitiva no podría asistir a junta alguna.
Por fortuna, basto con una llamada para que mi hermano salvara el día y me trajera un nuevo kit de ropa.
Creo que finalmente llego la señal indicando que debo retomar la rutina de hacer un poco de ejercicio y llevar una alimentación balanceada, pues encontré las razones de peso que necesitaba.
Dejaré de lado añejas excusas tendientes al autoconvencimiento de que no estaba del todo gordo, dejaré de lado la cantaleta de que "mi metabolismo está un poco lento, de que soy de huesos grandes, y de que últimamente estoy reteniendo algunos líquidos..." para finalmente aceptar que estoy excedido de kekas.
El sentido de esta breve reflexión estriba en que el día de hoy, mientras organizaba afanosamente mi oficina, cayeron al piso unos clips, al notarlo, con una agilidad inusual me puse en cuclillas para levantarlos -debo advertir que no experimente falta de aire, ni agotamiento por el esfuerzo-, sin embargo, escuche el sonido inconfundible de un desgarrón de tela, y sentí una corriente de aire dónde se suponía no debiese sentir nada.
Bien podría achacar la rotura de mi pantalón a la mala fortuna, a un defecto de fabricación, o al exceso de uso, sin embargo la evidencia era contundente...
Me senté en la silla para comprobar el daño, y comprendí que no había nada humanamente posible que hacer por remendar esa pieza; sólo me resto soltar la carcajada, antes de avisarle a la secretaria que atendería desde mi lugar, pues en definitiva no podría asistir a junta alguna.
Por fortuna, basto con una llamada para que mi hermano salvara el día y me trajera un nuevo kit de ropa.
Creo que finalmente llego la señal indicando que debo retomar la rutina de hacer un poco de ejercicio y llevar una alimentación balanceada, pues encontré las razones de peso que necesitaba.
