lunes, 28 de enero de 2008

Y ahora...

Hay un punto en la vida, en el que las personas "laboralmente productivas" comenzamos a sufrir el acoso de infinidad de interrogantes, muchas de ellas ligadas a la "aventurada idea" de suministrar un significado a nuestras rutinas cotidianas; sí el anzuelo pica, decantará en la eterna búsqueda de respuestas y entonces, retumbará en nuestra cabeza el eterno... "¿para qué?"

En cascada llega un vaiven de interrogantes, al tenor de:

  • ¿para qué desligarse de la familia tan drásticamente;
  • para qué malpasarse, mal comer, mal dormir;
  • para qué pasar horas esclavizado frente al monitor;
  • para qué presionarse a niveles insospechados y atentar contra la salud y el balance físico, mental y espiritual;
  • para qué dejar que los atardeceres se consuman sin respirar una buena bocanada de ilusión vespertina, y todo para estar confinado entre cuatro paredes (y si tienes algo más de suerte, en tu trinchera laboral... lo harás en un edificio de "n" pisos con vista al peri o a reforma);
  • para qué volvernos afectos clientes del stress...?

Semanas de meditación y una tortuosa afección bronquial, me dejan entrever que algo en mi magnifico plan de vida no esta saliendo del todo bien, a la par de ello, he podido ver, día a día como se van avejentando las personas con las que trabajo, y entonces el "¿para qué...?" que ronda mi cabeza, se vuelve incontestable, uno comienza por admitir que cuando buscas un trabajo, lo haces pensando en hallar alguno que sea capaz de ayudarte a saciar tus necesidades elementales, que te de crecimiento personal y profesional, que mejore tu calidad de vida, que te ayude a ser mejor... pero de pronto las expectativas que te habías formado se tornan ajenas... te dan la vuelta y te dejan en un sinuoso vacío, en el que se te acaba el tiempo para los amigos, la novia, la lectura o el simple ejercicio del ocio...

Y ahora, que renuncia la persona que me dio la oportunidad, siento un pequeño cisma en mi interior, da miedo que mis esfuerzos queden agarrotados en el silencio, cual juego de encantados... sin embargo justo en medio de la confusión y el letargo, termino por admitir que es una nueva oportunidad, sin embargo, no puedo dejar de lado el hecho de que hay muchas preguntas en mi cabeza que esperan respuesta y que lo ideal es bajar el ritmo y retomar el camino.

Ahora sólo resta asimilar que la mejor respuesta al ¿para qué...? se contesta día a día y hoy cobra signficado cuando me respondo: para ser mejor sin perder el balance.