miércoles, 31 de diciembre de 2008

Uff.. último suspiro decembrino!


Siempre nos resta la esperanza, particularmente al iniciar un nuevo ciclo, ya sea el inicio de un día, una semana y especialmente el comienzo de un año nuevo.


En lo personal resulta la oportunidad perfecta para renovarse, para purificarse y dejar de lado todas las dudas y ataduras que nos pudieron robar la tranquilidad, para asimiliar las fallas y asimilar todo el aprendizaje debido, en fin, es el momento indicado, para intentarlo otra vez.


Mi evaluación del año no deja de ser positiva, admito sin embargo, que existen demasiadas asignaturas pendientes, sin duda la crisis mundial me ha impactado colateralmente, pero no ha sido capaz de robarme la fe. Perdí un trabajo, pero gané una nueva perspectiva de la vida; perdí la rutina, pero aprendí a valorar el tiempo de una manera distinta; perdí por un momento la certeza, pero jamás dude del camino.


Pasados 366 días me confieso más fuerte, más seguro y deseoso de crecer, en los últimos dos meses he entendido a cabalidad el significado de las palabras: circunstancia, obligación, responsabilidad y necesidad. He aprendido a lidiar con ellas, a aceptarlas y a caminar cada día de su mano, asimilando que mis objetivos descansan aún lejos pero apoyado en la certeza que me brinda el postrero amanecer.

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