
Por fortuna el mio no es uno de esos casos desesperados del hombre que no puede dormir salvo medicado; sin embargo, me cuesta demasiado trabajo apegarme a la rutina de dormir al caer las diez y levantarme al cabo de 8 horas.
Desde pequeño mi naturaleza fue nocturna, devorando libros o mirando la tv, ahora las horas discurren acompañadas del fifa 09 o el ineludible zapping*, que lamentablemente se ha convertido en mi único ejercicio habitual.
Tampoco puedo dormir por el día, aunque hay veces que mis ojos coquetean con relajarse a ratos en casos de extremo cansancio.
Por las noches de nada sirve apagarlo todo y quedarme a oscuras, fingir que el techo es un negro espectro que se proyecta hasta el espacio o imaginar que al fijarme en un punto determinado, mis ojos se harán a poco más cansados; también deje de lado el conteo de ovejas, pues terminé admitiendo que es demasiado absurdo, y por ello, sólo me resta esperar pacientemente a que el sueño me cautive de pronto o sentir remordimiento cuando es demasiado tarde.
He concluido tras demasiada reflexión que el problema estriba en pensar demasiado, en seguir ocupando la neurona en medio de los sueños; pues a menudo me despierto angustiado de tan menuda realidad. A veces la imaginación es enemiga de la almohada, particularmente en esas noches que se desdibujan en azul mortecino al llegar el alba.
*zapping.- ejercicio de accionar el control remoto indiscriminadamente, y cambiar de canal hasta el punto del hartazgo, que sólo llega cuando uno termina dormido o se da por vencido. (No existe en el Real Diccionario de la Lengua Española)
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