miércoles 12 de noviembre de 2008

11 días después de 25...

Vamos Fujur, llévame al lugar dónde se cumplen los sueños, al estanque de las aguas que dan vida, hasta encontrar mi verdadera voluntad...



11 días después de cumplir 25, y aún sintiéndome de 23, indignándome cuando me dicen señor, o cuando me recuerdan que el tiempo no perdona, me propongo arriesgarme un poco, aceptando una propuesta laboral que no me satisface del todo, sin pleno convencimiento de hallarme en el mejor sitio para desarrollarme, pero con la plena conciencia de quien se da la oportunidad de hacer algo distinto, por mera intuición.

Últimamente los días se me han vuelto rutinarios; sin embargo me aferro a seguir soñando, pues siempre he confiado en que la vida es el mejor escaparate para ello.

Tras leer La Historia interminable de Michael Ende, recordé lo fácil que resulta perder el rumbo, y lo sencillo que resulta olvidar quien se es en realidad. Recordé capítulos de mi vida, olvidados en cierto modo, particularmente aquellos en los que de niño quise ser paleontólogo o de adolescente escritor, recordé también mi renuncia a tales vocaciones cuando me volví "sensato", y me di cuenta que sería absurdamente difícil concretar algo. Me convertí entonces en abogado, pensando que tenía el perfil adecuado para ello y que encontraría la anhelada satisfacción al contribuir con mi esfuerzo cotidiano por cambiar el mundo. Tras meditarlo un rato, me doy cuenta que no me equivoqué, pero no me siento en suma satisfecho.

Últimamente he recuperado el hábito por la lectura, y con ello recordé el porqué de mi sueño por convertirme en escritor, recordé lo que entraña transmitir algo, mi gusto porque las palabras se conviertan en suspiros o sonrisas, en coincidencia y circunstancia, en lágrimas o miedo. Recordé que a veces el mejor consejo llega al cabo de unas cuantas hojas.

Tras imaginarme serpentenado los cielos en las espaldas de Fujur, me di cuenta que mi peor error sería renunciar a mi esencia, pues resulta absurdamente sencillo vivir a medias y amargarse la vida de a poquito por dejar de lado el sueño.

Tras meditarlo un poco, advierto esta etapa como un proceso de aprendizaje, adaptación y confirmación. Al final cumplir veintitantos se puede asumir como un eficaz recordatorio de que resulta más sencillo trascender mientras tengas un aliento de vida, que después de ello.