viernes, 17 de octubre de 2008

Recordé...




Intenté recordar cuando fue la última vez que me sentí tan bien como hoy, y debo confesar que me sobraron momentos, pero me falto constancia. Desnude la conciencia el extremo del instante más límpido y advertí que HOY era el día.

Finalmente se levantó el telón de los sueños y se dibujó en mi horizonte el escenario perfecto, menguaron las luces y el sendero tomó forma. Hoy entendí que basta una pequeña vela y su cálido fulgor ambarino para disipar las más densas tinieblas. Sin embargo, a veces solo somos capaces de concebir milagros cuando las necesidades apremian, sin comprender que el verdadero milagro consiste en entender que no hay derrota sino aprendizaje.

Hoy desperté convencido de que puedes ser hacedor de milagros y convertir la fatalidad en bonanza, la circunstancia en coincidencia y la tristeza en dicha. No me alisté al pelotón de los optimistas pero creo que se puede obtener lo que se desea con la actitud adecuada, sin traicionar el sueño y sin amordazar la conciencia.

Hoy me siento feliz, pues finalmente recuperé el brillo, desempolvé el traje de fidelidad y reafirmé mi compromiso conmigo; por ello sonrío, con la certeza de que olvidé la pena y de que dejé el miedo a un lado. Hoy después de tantas pruebas, al fin entendí que
la vida no es choque, sino movimiento.

En mi vieja oficina tuve mi pizarrón optimista, con frases de mi autoría y sin la colaboración de Coelho o Carlos Cuauhtémoc por fortuna; frases que sonaban tan lindas y que merecían al menos una reflexión vespertina… hoy recordé una de ellas: “La vida es el perfecto desenlace de los sueños…” Estuvo anotada cerca de seis meses y, Caray!, me decía algo de vez en cuando... nunca demasiado, pero hoy, de la nada cobró sentido,
entre mi tempestad y la cruda, diez minutos después de que se me hizo tarde para la entrevista que pedí postergar un par de veces. A bordo del taxi y con dirección a Periferico y Reforma descubrí que la vida es un sueño per se, la vida es magia cada vez que te levantas, cada vez que te prometes ser distinto, cada que lloras, ríes o berreas; incluso cuando dices la verdad y aún cuando eres sarcástico, la vida sigue siendo el mejor sueño posible. Es la única clase sin horarios y con millares de profesores, sin reportes ni reprobadas, pero de caducidad obligada, pues su magia estriba en su fugaz existencia.


Mi felicidad no merece dividirse en momentos aislados, no merece una severa reflexión cada vez que deseo encontrar su punto más alto. Quizá me falto constancia, pero hoy me sobran deseos de convertir un momento ordinario en algo extraordinario, me sobran ganas de sonreír, pues entendí que también las sonrisas disipan tempestades. La vida es un sueño porque es mía, mi escenario perfecto, mi mejor baile y una maraña de circunstancias para entretenerme un rato, pero sonriendo... pues vivir ya es un milagro.

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