
Un par de semanas después la repetición de tareas comienza a convertirse en rutina, levantarse tarde, prepararse el desayuno, mirar un rato la tele, inventarse actividades para que el día encuentre sentido y la revisión de una que otra bolsa de trabajo en mi útopica búsqueda del empleo del año, se han vuelto mis actividades cotidianas.
A menudo me aburro en mi hasta ahora infructifera búsqueda, leer siempre lo mismo, reir a carcajadas por las invaluables ofertas laborales... la irrealidad de un país plagado de oportunidades para quien tenga la miopia de aceptarlas o de vender su esfuerzo por dos guisantes y un seguro contra los mareos. Pero bueno... así es esto, la eterna carrera por ser paciente o conformarse con nada, supongo que es el resultado de fijarse metasn cada vez más altas.
Cada mañana me levanta la certeza de que será un gran día; sin embargo aún no me abandona la incertidumbre por saber ¿hasta cuándo? Cómo sea, el hasta cuando es una de tantas preguntas que no debiesen inquietarme... pues ahora sólo me resta el recurso de ir pasito a pasito, con pies de plomo y una sonrisa ondulante, mientras me propongo conservar la calma.
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