sábado, 30 de agosto de 2008

Usted disculpe...


El sonido de la guillotina afilándose en los pasillos, confiaba al grueso del personal la certeza de que algo distinto sucedería, con el paso de los días la paranoia aumentaba... "que si era el primero de varios recortes", "que se iban tres de conta y cuatro de sistemas", "que si el jurídico no tendría bajas"; y de repente las palabras perdieron el sueño y cobraron cordura.

El viernes al filo de la 1:30 pm mi teléfono sonó, justo una hora y media antes de salir y sólo acerté a pensar "ya valió madres...", mi sutil expresión se bañó de certeza cuando entré a la sala de despidos.

Por absurdo que parezca, lo primero que dije al verdugo fue: "Me llamaste para lo que pienso que me llamaste"; el hombre al escuchar mi ardid, se despojo por un momento de su capucha para desnudar su rostro habitual, tan camaleónico como incierto, y con un esbozo de sonrisa pausada fingió un cumplido cuando apuntó "no se lo que estés pensando". Al momento confirmé el temor fundado el día previo y recobré la calma en automático, ello con tal de firmar los mejores términos de mi salida.

Mientras escuchaba el monólogo titulado "usted disculpe", aunado al cotidiano, "la empresa atraviesa un momento difícil, tu trabajo es extraordinario" y un sinfín de bla bla bla... que no merece la pena recapitular, respiré profundo y agradecí la oportunidad de dar el salto que no había acertado a dar meses antes. Recordé las múltiples ocasiones en que consideré abdicar con tal de no sentirme frustrado y sin buscarla demasiado ahí estaba la primera de muchas respuestas.

Mi vida se tornó distinta cuando recordé que podía ser diferente, solo hubo falta saltar del bote. Llené mi maleta de experiencias y desempolvé la repisa de los sueños, pues allende las circunstancias siempre queda la mejor parte, ello, considerando que la famosa liquidación venía cargada de pinceles dorados para darle brillo a mi cielo y una escoba para limpiar el camino.


Gracias TMM por un mareo sin resaca.

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