lunes 16 de junio de 2008

Un sabado de fuga...




Que rico es tomarse el tiempo para olvidarse del cabello recién peinado, la imagen intachable, el convencionalismo oficinista de portar traje cabalmente de lunes a viernes, que saludable es recordar los añejos tiempos en los que restaba consecuencias a mis actos, y era por demás sencillo hacer algo, sin importar el mañana.

Durante mi caminar pausado bajo la lluvia el domingo y dado mi gusto por el futbol, bajo la estela del agua sabatina, recordé mis infantiles juegos, pasados por agua, en el Parque de las Américas de Obrero Mundial; bastaba entonces con una friega de alcohol, para olvidarse del resfrío; resultaba suficiente con pensar que mañana habría que salir a jugar para ser inmune a las enfermedades. Bastaba tan poquito para ser feliz... y hoy sencillamente nos procuramos preocupación y raciocinios enfrascados de complejidad y desazón en lugar de disfrutar del placer de vivir.

Disfrute de esas horas inmensamente, recordé que la lluvia es la mejor cura para el tedio, para la mediocridad, para la tristeza y para la indiferencia… levante los ojos al cielo en algún punto y mire al fondo la luz tras la cortina húmeda, a punto estuve de levantar los brazos y rememorar una de mis escenas favoritas en la historia del cine… Recordé a Tim Robbins radiante en Sueños de fuga… y no pude sino darle un canal a la felicidad destino mis labios, y sonreí...

No se mañana… sé de hoy, y aquel día bastó con jugar soccer bajo la lluvia para ser feliz a plenitud; y sin embargo, hoy no ha llovido. Advierto que la enseñanza radica en entender que no lloverá por siempre.