Una de esas tantas tardes en las que el horizonte se pinta de gris, en lugar de desvanecer a nuestro soleado astro de a poco, nos recuerda que definitivamente el clima tiene un gran peso sobre nuestro estado anímico, y aún más sobre nuestra percepción de la vida.
Hoy te pido que no me abraces Morfeo, porque si me demuestras un poco de afecto, sin dudarlo me acurruco entre tus brazos... te pido que esta tarde, tengas un poco de consideración y te alejes con el frio viento de la tarde, para que puedas volver a consentirme mientras me acurruco en mi cama por la noche, pues en verdad, a veces no entiendo la ironía de tu abandono, mientras me dejas al amparo del insomnio.
Por lo pronto ahora me queda la pereza... traducida en un bostezo y el anhelo de una almohada en la oficina.
No hay comentarios:
Publicar un comentario