Hace unos minutos, mientras veía como Murray le ganaba a Gasquet un trepidante partido de 5 sets para instalarse en los cuartos de final de Wimbledon, mis chinos iban cayendo uno a uno, hasta dejar una estela negra sobre el piso.
Supongo que a la postre tal decisión redituará en importantes ahorros en mi vida: diez minutos menos frente al espejo, un ahorro considerable en shampoo, acondicionador y gel, y de forma inmediata, me restara dos años de edad y legará una dosis de frescura a mi acartonada imagen laboral.
Debo admitir que entiendo ese empeño de las mujeres por cambiar la apariencia constantemente, supongo que tal decisión entraña en gran medida el anhelo por cerrar círculos, cortar viejos lazos y renovarse estética e internamente. Un buen cambio de look incide de manera automática en una sonrisa en la cara, un levantón anímico y la certeza de una transformación radical, el inicio de una nueva etapa y la seguridad de ser dueñas de la circunstancia.
En mi caso, supongo que se trata más de una costumbre periódica, llegado cierto punto y bajo cierto estado de ánimo, me da la cosquillita por hacer algo distinto, y los chinos suelen ser los sacrificados, por lo pronto ahora resta disfrutar de mis ratitos libres en lo que mi cabello retoma su longitud acostumbrada.
Supongo que a la postre tal decisión redituará en importantes ahorros en mi vida: diez minutos menos frente al espejo, un ahorro considerable en shampoo, acondicionador y gel, y de forma inmediata, me restara dos años de edad y legará una dosis de frescura a mi acartonada imagen laboral.
Debo admitir que entiendo ese empeño de las mujeres por cambiar la apariencia constantemente, supongo que tal decisión entraña en gran medida el anhelo por cerrar círculos, cortar viejos lazos y renovarse estética e internamente. Un buen cambio de look incide de manera automática en una sonrisa en la cara, un levantón anímico y la certeza de una transformación radical, el inicio de una nueva etapa y la seguridad de ser dueñas de la circunstancia.
En mi caso, supongo que se trata más de una costumbre periódica, llegado cierto punto y bajo cierto estado de ánimo, me da la cosquillita por hacer algo distinto, y los chinos suelen ser los sacrificados, por lo pronto ahora resta disfrutar de mis ratitos libres en lo que mi cabello retoma su longitud acostumbrada.
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