jueves, 8 de mayo de 2008

Despierta eternidad...


Concluyendo este fin de semana largo, en el que tuve oportunidad de embriagar a la memoria y afrontar con sinceridad el porvenir, debo admitir que me sentí reconfortado, aunque no del todo, pues para eso habría que cambiar drástica y permanentemente la rutina y para ello aún quedán algunas tardes.


En algún punto de estos 4 días, se despertó la conciencia anhelante de un motivo y no de excusas, reclamando protagonismo y repudiando la fidelidad que le he tenido a la intrascendencia, pues he de admitir que me he dedicado más a pensar en el hubiera y en el quizá, que a realizar ese anhelo por ser eterno.


El corazón al poco rato reclamó su lugar, se harto de ser considerado un engrane más y me recordó que es el motor de mi vida, me dejo en claro que no vale la pena vivir por vivir, me recordó que en este cúmulo de segundos llamada existenica, siempre vale la pena darle sentido al día a día, al minuto a minuto y al momento a momento, me recordó que he sido un titere afecto a la intermitencia y que he llegado a ser irresponsable de mis sueños.


Entendí que la vida es como ese hilo delgado capaz de cobrar mil vueltas sino llevamos la mejor dirección, entendí que en este punto de mi historia mi maraña de fibras no estaba tan enredada como me empeñaba en ver y entonces una lucecita de conciencia, me regaló un chizpazo... "despierta eternidad, pues mi vida acaba de empezar", y lo cierto es que un hombre que se empeña en creer que el mejor destino es el que te forjas día a día, no puede quedarse consumido en la vaguedad de la intrascendencia, pues cada aliento de vida es una oportundiad de hacer las cosas distintas, de ser certeza de trascendencia allende las circunstancias.


Un pequeño granito de arena, pero a fin de cuentas una coma y no un punto en el trazado de mis sueños, despierta eternidad, pues la esperanza cerró con un punto y seguido y se renovó con la mayuscula del verbo que sueño conjugar toda mi vida... trascender.

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