lunes 26 de mayo de 2008

Con ganas de soñar...



Descubrí uno de mis grandes amores como a los once, hasta entonces sólo los libros me representaban una pasión similar, me enamoré del juego a ras de pasto, de la reposada tranquilidad, de la chispa de genialidad, del coraje, la entrega, la sangre, y de la personalidad de un club que nació para ser el más grande; ese Cruz Azul de Scoponi, de Zamora y Hermosillo, fue mi primer acercamiento con la magia de ser celeste.

A poco me sentí arropado con las glorias añejas de Marin, Bustos, Kaliman, López Salgado, Lugo, apellidos que con sólo mencionarlos dan lugar a la nostalgia y a una sonrisa de evocación perpetúa. Cuando eres aficionado a este equipo, la pasión te inunda calladita pero certera, y aunque en estos años sólo me ha tocado verlo dar la vuelta una vez, llegar a un par de finales y conseguir el respeto sudamericano, no cambiaría mis colores nunca.

Cuando te comprometes con esta pasión, no puedes serle infiel a pesar de las expectativas rotas, a pesar de que se han acumulado los años sin levantar la copa, pues a pesar de todo, el amor a la camiseta es tan grande que agradecemos la genialidad y la frescura, y en especial la entrega y el esfuerzo cuando son a tope.

Hay pocas aficiones tan nobles como la celeste, una afición que espera anhelante a que se termine la sequía, que confía en el despertar de un equipo que que lleva un rato aletargado, que siente el deseo por desbordar la ilusión, pero que se conserva mesurada.

Falta una semana para el desenlace del torneo y me he rehusado a soñar, pero siento en el pecho la euforia contenida, que espera cantar un gol y un titulo, que sueña con ver la vuelta en el estadio, que prometió dejar los vicios unos meses a cambio de una ilusión que sólo necesita cobrar vida. Hoy quiero soñar otra vez, como cuando tenía once, y sólo disfrutaba el juego, porque el azul me inundaba el corazón, quiero vivir como niño esta semana, confiado en que mi equipo relegara al olvido, la frustración y la duda.

Ya sólo faltan unos días… y tengo ganas de
soñar con el domingo perfecto.