
Fría se despierta la mañana, como presintiendo, como rengueando de antemano, respirando con dificultad, como advirtiendo que es momento de reflexionar, quizá por última vez, quizá por primera vez en serio, con ánimo de ser completamente honesto, confiado en que es preciso dejar de volar, pues resulta por demás prudente poner los pies sobre la tierra.
El cambio es un aspecto tan habitual de la vida, como lo es hecho de estar vivo, de llorar o de reír, cambiar es admitir que las cosas pueden ser de un modo distinto, quizá mejor o talvez no, pero a fin de cuenta, distintas.
Cada luna es distinta a la del día anterior, como lo es en suma el devenir de los tiempos, hay circunstancias que marcan la vida y el camino por andar, hoy entiendo que mis pasos no son iguales cada vez, se puede mantener un trote regular, pero el camino nunca es el mismo.
He permanecido en el letargo una buena temporada, y he querido pensar que me estaba reservando energía, sin embargo creo que simplemente me evité la fatiga de ser distinto, de ser esa chispa que le da sentido a cada suspiro y a cada latido de mi ser, el invierno termino y en una mañana en la que el sol resulta ajeno y en la que la lluvia parece más certeza que incertidumbre, finalmente encontré el camino a casa.
Caminando en esta fría mañana, y mientras procuraba no pensar demasiado, para evitar que se me congelará la inspiración, advertí que a medida que el aire iba colmando mis pulmones y se iba adueñando de mis entrañas, me iba renovando, me reconfortaba, y ajena resultó esa añeja sensación de sentir cuchilladas en el pecho a la menor ventisca.
Seguí caminando y al sentir la humedad del ambiente en cada poro de mi ser, recordé esa circunstancia que a veces pasamos por alto, por complicarnos la existencia, ¡estoy vivo!, tan vivo como siempre, y sólo pudo quedarme una sonrisa dibujada en la faz.
Seguí caminando y aventuré una mirada al cielo, para buscar mi sol en algún recoveco, ese sol distinto que en un mañana fría cómo esta, me puede encender el pecho con un sólo destello, y aunque no salió a capricho, me dejo entrever, que me sonreiría en el momento preciso.
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