lunes, 3 de diciembre de 2007

La mejor respuesta...

Haciendo un ejercicio de memoria, debo confesar que siempre han resultado inútiles mis intentos por dejar de lado el control de una situación, soy receloso de perder los estribos o dejarme guiar por la pasión, cuando en ocasiones el alma lo pide a gritos... siempre busco el lado menos sinuoso del camino, o los puntos menos álgidos, revirando con infinidad de preguntas cuando me hacen alguna interrogación que pueda comprometerme, protegiendo a capa y espada esa delgada línea entre la amistad y la compañía, buscando pretextos para escurrirme de situaciones que pienso no me redituarán el mayor beneficio.

Hay momentos en que uno termina preguntándose ¿por qué...?, momentos en los que resulta preciso realizar alguna insensatez para recordar que las cosas pueden ser distintas, pues la vida y la circunstancia nos lleva a situaciones en las que una elección, puede ser la diferencia entre reír, o divagar sobre un absurdo de manera perpetúa.

No vale la pena devanarse los sesos, pensando en las consecuencias de cada decisión que tomemos, pues de repente te olvidas de vivir y dejas de lado el aprendizaje empírico.

Debo admitir, que mi naturaleza metódica y analítica es una herencia con la que resulta difícil lidiar, pues antes de decir si o no, ya estoy cuestionando mentalmente cada detalle, por ello he decidido darle un giro a la rutina, pues resulta absurdo tratar de encontrar la mejor respuesta a cada situación allende la circunstancia, por lo que tras pensarlo un rato, creo que conviene elegir lo mejor, buscando ser uno mismo, sin traicionar nuestra esencia, actuando de tal modo en que puedas sentirte satisfecho con lo elegido al despertar al día siguiente.

Aunque ciertamente, no descarto alguna ocurrencia ocasional ó una de esas estupideces de mi adolescencia tardía que a menudo resultan un buen tema de conversación…

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