
Menuda palabra, balance, dicho de otra forma: examen, evaluación, medición, ponderación, a fin de cuentas, todo reducido al escrutinio del actuar a lo largo del año en razón de las metas fijadas. Un funesto o afortunado momento que devora intrascendencia y cobra importancia a medida que se diluyen los días de diciembre, divertida tarea de tomarse un momento a solas para devanarse y advertir si se procuro avanzar o se permaneció en una taimada cautela banal, o bien si te viste enredado en un vaivén de trompicones que te hicieron dar dos pasos atrás.
Tras un rato de conjeturas, llegué a la conclusión de que más allá de las experiencias positivas y negativas, todo se puede traducir en aprendizaje si logras mantenerte en balance, ello es, sacar el mayor provecho posible de toda situación allende la circunstancia, inútil sería en este momento enunciar todos mis logros y tropiezos a lo largo de este año, sino he sido capaz de asimilar lo que me ha dejado cada situación.
Hay una frase que en esta oportunidad, adjudico a la sabiduría popular, toda vez que desconozco su autor, y que me ha servido de guía a lo largo de mi caminar, “Nadie nace sabiendo”, y lo cierto es que esta en cada uno, dejar de lado las excusas y los pretextos, pues vale más el superarse y ser mejor cada día, procurando aprender y aprehender tanto como sea posible, pues infame resulta el conformarse con arrastrarse o caminar con la cabeza al suelo, cuando esta en nuestras venas la oportunidad de correr e idear la forma de emprender el vuelo.
Balance, implica entonces jugar al equilibrista sin distraerse del objetivo, permanecer sereno ante el cambio y atento a la circunstancia, madurar con la marea y despejarse de dudas, desempolvar las alas para emprender el vuelo y dejar de permanecer, para empezar a ser… viviendo y transformando los momentos en instantes únicos, aprovechando la certeza de este respiro en tanto conservemos la vida.
Por lo pronto, resta reflexionar un poco mientras dictamino mis peripecias anuales, en espera de que mi balance arroje un saldo positivo.
Tras un rato de conjeturas, llegué a la conclusión de que más allá de las experiencias positivas y negativas, todo se puede traducir en aprendizaje si logras mantenerte en balance, ello es, sacar el mayor provecho posible de toda situación allende la circunstancia, inútil sería en este momento enunciar todos mis logros y tropiezos a lo largo de este año, sino he sido capaz de asimilar lo que me ha dejado cada situación.
Hay una frase que en esta oportunidad, adjudico a la sabiduría popular, toda vez que desconozco su autor, y que me ha servido de guía a lo largo de mi caminar, “Nadie nace sabiendo”, y lo cierto es que esta en cada uno, dejar de lado las excusas y los pretextos, pues vale más el superarse y ser mejor cada día, procurando aprender y aprehender tanto como sea posible, pues infame resulta el conformarse con arrastrarse o caminar con la cabeza al suelo, cuando esta en nuestras venas la oportunidad de correr e idear la forma de emprender el vuelo.
Balance, implica entonces jugar al equilibrista sin distraerse del objetivo, permanecer sereno ante el cambio y atento a la circunstancia, madurar con la marea y despejarse de dudas, desempolvar las alas para emprender el vuelo y dejar de permanecer, para empezar a ser… viviendo y transformando los momentos en instantes únicos, aprovechando la certeza de este respiro en tanto conservemos la vida.
Por lo pronto, resta reflexionar un poco mientras dictamino mis peripecias anuales, en espera de que mi balance arroje un saldo positivo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario