
¿Y qué hay de nuevo en el camino?, ¿qué con los sueños que parecen esfumarse, como las volutas de humo del cigarrillo suspendido entre mis dedos?. Mil dudas invaden mis entrañas, devorando anhelantes, los islotes de certeza. Es curioso, como de un instante a otro pueden cambiar las circunstancias, hoy sencillamente mis ojos buscaron anhelantes la conexión con mis olvidados lagrimales, reservados para aquellas ocasiones en que la calma se me agota.
Sencillamente, no me siento del todo conforme con el giro que ha dado mi vida, siento que se me escapan los motivos, que me falta la entereza para seguir adelante; es tan curioso advertir que de pronto, me siento deprimido… desazón, destemplanza y un agarrotado esfuerzo por despertar, me mantiene en esta trémula calma de respirar, sin sentirme convencido de seguir por el camino adecuado.
Llorar sin sentido, nunca ha sido una elección consciente, antaño el infante lo hacía para atraer la atención, después viene la represión, y con ello, la errónea convicción de que el desprenderse del sufrimiento corporal o espiritual con un llanto renovador, es materia de pusilánimes; sin embargo, hoy he encontrado la plena convicción de que estas lágrimas, lo mismo pueden llegar de gozo que de tristeza, y no me importa más nada, pues al verme frente al espejo, con los ojos enrojecidos y al ver el agua resbalar por mis mejillas, dejando una estela entre dulce y amarga, me siento reconfortado.
Sencillamente, no me siento del todo conforme con el giro que ha dado mi vida, siento que se me escapan los motivos, que me falta la entereza para seguir adelante; es tan curioso advertir que de pronto, me siento deprimido… desazón, destemplanza y un agarrotado esfuerzo por despertar, me mantiene en esta trémula calma de respirar, sin sentirme convencido de seguir por el camino adecuado.
Llorar sin sentido, nunca ha sido una elección consciente, antaño el infante lo hacía para atraer la atención, después viene la represión, y con ello, la errónea convicción de que el desprenderse del sufrimiento corporal o espiritual con un llanto renovador, es materia de pusilánimes; sin embargo, hoy he encontrado la plena convicción de que estas lágrimas, lo mismo pueden llegar de gozo que de tristeza, y no me importa más nada, pues al verme frente al espejo, con los ojos enrojecidos y al ver el agua resbalar por mis mejillas, dejando una estela entre dulce y amarga, me siento reconfortado.
Remojando el alma con estas lágrimas, mis menudas compañeras me invitan a desprenderme de esa coraza emocional para reorientar el rumbo, al menos lo suficiente para admitir que soy tan humano y vulnerable como antes.
Hoy vale la pena hacer una limpieza en mi alma y mi corazón, tan profunda como para que mis lágrimas devoren la tristeza, y devuelvan la tranquilidad perdida... justo en este instante, el panorama se aclara, siguen estando fuera de mi alcance infinidad de circunstancias, pero me guardo la certeza de que ha valido la pena.
Sin pretenderlo se han diluido los minutos hasta convertirse en horas. Ya bien entrada la noche, he recuperado la calma, quizá no se ha resuelto nada, pero las nubes de duda que opacaban mi juicio, se han disipado, no cabe duda que llorar, en el momento adecuado es la mejor terapia, al final, puedo tener la seguridad, de que en mis labios se ha coronado una sonrisa, que sólo ha dado pie a recordarme que sigo siendo tan dueño de mi destino como siempre… soy dueño de mis lágrimas y mis risas, soy dueño de la oportunidad de ser mejor hombre a cada instante.
Sin pretenderlo se han diluido los minutos hasta convertirse en horas. Ya bien entrada la noche, he recuperado la calma, quizá no se ha resuelto nada, pero las nubes de duda que opacaban mi juicio, se han disipado, no cabe duda que llorar, en el momento adecuado es la mejor terapia, al final, puedo tener la seguridad, de que en mis labios se ha coronado una sonrisa, que sólo ha dado pie a recordarme que sigo siendo tan dueño de mi destino como siempre… soy dueño de mis lágrimas y mis risas, soy dueño de la oportunidad de ser mejor hombre a cada instante.
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